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lunes, 18 de julio de 2016

El Gradiente Sociogenético Chileno y sus Implicaciones Etico-Sociales

La población chilena se formó principalmente por la mezcla de una población caucásica y una población amerindia. Como Chile fue una colonia militar durante casi 300 años, vino de España un gran contingente de soldados que no traían a sus esposas. Los matrimonios europeos que llegaban a Chile eran escasos en relación a todo ese contingente (1). De allí que fue forzoso el cruzamiento asimétrico entre varones europeos y mujeres amerindias que dieron origen a la población mestiza que rápidamente (en un siglo o tres generaciones) se convirtió en la mayoritaria. Desde la conquista en 1541 han pasado 15 o 16 generaciones. La población caucásica se había separado de la amerindia (rama de la mongoloide) hace 35 o 40 mil años (1300 generaciones). Este cruzamiento asimétrico implicó una contribución asimétrica de los factores genéticos. Si fijamos la contribución caucásica para los autosomas en 50%, la del cromosoma X será sólo de 33%, el cromosoma Y será 100% caucásico y el DNA mitocondrial 100% amerindio (2). Cabe aclarar que los grupos amerindios que participaron fueron atacameños, diaguitas, changos, picunches (mayoritariamente) y algunos otros al norte del Maule. Con la anexión de Antofagasta y Tarapacá (1880) se incorporaron aymarás y quechuas en mayor proporción. Los mapuches del sur no se incorporaron durante la conquista o colonia sino que en cada generación se han ido incorporando en una proporción baja, en un principio, a las poblaciones de las regiones donde habitaban y luego a las grandes urbes del país.


Lo mismo ha sucedido con los pehuenches y huilliches en menor cantidad. Los chonos se incorporaron más al sur especialmente a la población de Chiloé y los Tehuelches, Alacalufes, Onas y otros de la Patagonia y Tierra del Fuego se incorporaron muy poco o nada. Esto limita nuestros estudios genéticos actuales, porque los grupos étnicos Picunches y Diaguitas mayoritarios en la formación del pueblo chileno ya no existen y su composición genética debe ser inferida de la población chilena actual o de los restos conservados como para extraer información genética en sitios funerarios. Además, a lo largo de las generaciones ha habido matrimonios entre caucásicos y amerindios en las regiones habitadas por amerindios, de tal modo que ya no existen poblaciones amerindias puras. Aunque el componente africano negroide fue alto (hasta un 10%) no se ha encontrado en las grandes ciudades de Chile al buscarlo con los marcadores genéticos tradicionales. No hay una explicación satisfactoria para este hecho. Se encuentra en ciudades alejadas de los grandes centros urbanos. El modelo bi-racial propuesto que parece tan simple se ha mantenido en términos generales con modificaciones moderadas o pequeñas en el tiempo y según las regiones. Es evidente un componente mayor amerindio y ahora sí mapuche en las cercanías de Temuco y un componente aymará en el norte chileno.

Al analizar la composición étnica por estratos sociales nos hemos encontrado con un gradiente sociogenético importante que condiciona la estructura de la morbimortalidad según estrato socioeconómico y la evolución sociocultural de Chile (3,4,5,6). Desde el principio de la Conquista y Colonia los españoles y especialmente los que tenían familias españolas conservaron o accedían preferencialmente a los cargos de más prestigio y poder, así como a la propiedad de las tierras. Después venían los criollos, que eran hijos de padre y madre españoles o europeas, nacidos y criados en Chile. Enseguida estaban los mestizos de diversos grados de mezcla caucásica, luego los indios y finalmente venían los esclavos negros. El ser indio fue considerado peyorativo desde el inicio y aún ahora decirle indio a alguien se considera una ofensa. Con un sistema de mestizaje tan extendido y con las epidemias que trajeron los españoles, para las cuales los amerindios no estaban inmunes, pronto desaparecieron los amerindios puros. La llegada de nuevos colonos europeos fue aumentando el componente caucásico. Estos eran incorporados preferentemente a los estratos altos. Las mujeres lo hacían casi en su totalidad. Era rara la ocasión donde la mujer se casaba con un indio o mestizo o era raptada por algún cacique indio. Los varones europeos que llegaban también se incorporaban al estrato alto o se casaban con una mestiza. De allí salían hijos con un mayor componente caucásico que subían de estrato. Los varones que llegaban de Europa (no tan sólo de España) y eran exitosos socioeconómicamente podían casarse con las mujeres criollas. Este destino podía ocurrir también con los mestizos de menor componente amerindio que eran exitosos en sociedad con lo que se asimilaban a los estratos altos (arribismo, desclasaje). Hemos podido comprobar que este modelo ocurre en la actualidad (7). Las familias Blest, Edwards, Morandais, Alessandri, Aylwin y Frei, entre otras, son ejemplos de esta asimilación y formación de familias de no poca importancia en la conducción de los destinos de Chile.

Esta estratificación socioeconómica y genética se mantenía y se mantiene por un sistema rígido de matrimonios y de herencia de las propiedades, además de una discriminación social negativa como raras veces se ve en el mundo. El estrato socioeconómico más alto acumuló la mayor parte del poder y del ingreso, además de tener el mejor acceso a la salud y educación privilegiadas. Es triste constatar que Chile tuvo alumnos de diversas categorías con diverso trato en las escuelas. La lacra del hijo ilegítimo y del huacho ha venido recientemente a ser eliminada por ley pero no todavía en la práctica e incluso en las escuelas. Este racismo o estratismo es un carácter muy marcado en la cultura chilena, aunque tolerado y aceptado por los estratos bajos. La educación chilena adoctrina para aceptar esta cultura del “gobierno sin contrapeso de una aristocracia ramplona sobre una tropa de borregos”. La autonomía y creatividad cultural del alumno son penalizadas en vez de ser fomentadas. La crítica al sistema está prohibida. El estudio con marcadores genéticos ha revelado que en la elección de pareja para casarse y tener hijos existe una discriminación fina en los grandes estratos socioeconómicos (3,8). La gran mayoría se aparea para constituir familia dentro del mismo estrato. No tan sólo hay un factor de discriminación sociocultural sino que también un efecto directo genético ya que en Inglaterra y en Chile (6,9) se acumula el fenotipo A (grupo sanguíneo ABO) en el estrato alto y el O en el estrato bajo. Tenemos información de periódicos que esto ocurre en Japón. Es un efecto genético ya que no sucede con el fenotipo B ni con el fenotipo AB los que deberían acumularse en el estrato alto al igual que el A y, en cambio, se distribuyen en forma errática en los estratos. Hay evidencias sólidas que esto no se debe a inteligencia como propusieron los autores ingleses (10). Se acusa a estos estudios de racistas, pero, esta acusación proviene de ignorancia y prejuicio. Estos estudios describen el racismo o estratismo que hay en la sociedad chilena, denuncian una situación que pertenece a la idiosincrasia del pueblo chileno, por lo que lo menos que son es ser racistas. Ayudan a entender y por lo tanto a proponer curas para la descalificación humana. Otro error habitual es concluir que la genética determina la estratificación ya que los más aptos para ejercer los cargos de poder son los genéticamente mejor dotados. En este caso los individuos del grupo A deberían estar en los cargos altos. En este planteamiento hay varios errores, algunos de ellos muy graves. Supongamos que el estrato alto sea el 5% de la población y tenga 40% de grupo A y el bajo sea el 75% de la población con sólo 20%. De A. Habrá 2% de la población total que es A del estrato alto y 15% A de estrato bajo en ese total. Por cada A del estrato alto hay 7,5 A del estrato bajo. Si el grupo A condiciona la llegada al poder, este 15% A de estrato bajo, al que se le ha negado el acceso al poder, por haber nacido en un estrato descalificado, se lo tomará a como de lugar. Tenemos aquí que corrigiendo el error de interpretación determinístico genético, llegamos a que la única solución para una sociedad despreciadora de estratos, es la guerra. Otra solución trivial es el arribismo o desclasaje de los A del estrato bajo que serían absorbido por el estrato alto, pero esto ahonda más la estratificación y hace el sistema cada vez más inestable. Otro error en el planteamiento es suponer que pertenecer a los estratos altos es “mejor” valorativamente que pertenecer a los estratos bajos. Un error más grave aún es suponer que las actividades o trabajos intelectuales o de mayor poder deben recibir un salario mayor que las manuales o de menor poder. Nadie ha solucionado el problema del salario justo por actividad humana. Todavía un error gravísimo surge al considerar los descubrimientos en el estudio de los genomas de los seres vivos. En las regiones génicas los seres humanos discrepamos en el 1 por mil. Es decir, no hay fundamentos genéticos para el racismo, estratismo, clasismo y otras discriminaciones negativas. Sin embargo, a pesar de estas exiguas diferencias, en Chile hay personas que ganan 100 millones de pesos y otras que ganan 100 mil pesos mensuales. La única solución a largo plazo, de mantenerse estas injusticias, es la guerra, porque el genoma humano no esta hecho para soportar estas diferencias indefinidamente. Al contrario el genoma nos indica que el único régimen socioeconómico estable es el de la economía y ecología de la fraternidad universal de los seres vivos.


De nuestros estudios la población de Santiago (Chile) podría dividirse, a grandes rasgos, en tres estratos socioeconómico – genéticos. El estrato alto que es cerca de un 5% de la población sin componente amerindio. El estrato medio que es cerca del 20% de la población con 20% de mezcla amerindia. El estrato bajo 75% de la población y entre 35 a 40% de mezcla amerindia (4). Dadas las diferentes susceptibilidades de las poblaciones caucasoides y las amerindias a variables fisiológicas y a las enfermedades y causas de muertes, esta sola diferencia etnogenética condiciona diferentes estructuras de morbimortalidad e inmunidad, además de todas las diferencias antropométricas y del crecimiento y desarrollo que hemos demostrado definitivamente (11,12,13). Casi demás esta decir que a estas diferencias etnogenéticas se agregan las diferencias ambientales incluidas las socioculturales que hacen que estos estratos estén separados por un verdadero abismo socioeconómico y cultural. Así en educación los estratos bajos acceden a una educación municipalizada fiscal o a una subvencionada y a una salud también pública municipalizada o ministerial, algunos a FONASA y otros menos a ISAPRES. Los estratos medios acceden a educación fiscal, subvencionada o preferentemente a educación privada y en salud a FONASA, ISAPRES o privada. Los estratos altos acceden a educación preferentemente privada y a salud privada o ISAPRES y raramente a FONASA. Es evidente que el destino educacional y en salud va a ser diferente según estrato socioeconómico. En estas variables no hemos incluido, salario, vivienda, estilo de vida, barrio, marginalidad en cuanto al poder, acceso a la información y otras que tipifican un cuadro grave y grotesco de injusticia y desigualdad. En el sistema de educación superior, tomemos por ejemplo el universitario, los alumnos se distribuyen entre los “hijitos de su papito” que les paga y no son deudores de nada (estrato alto o medio-alto en su mayoría), los “endeudantes y endeudados” que se reciben en condiciones de hipoteca de sus vidas (estratos medios y medio-bajos) y los “pordioseros” que reciben una limosna estatal o de otro origen de beneficencia (estratos bajos) ya que simplemente no pueden pagar y que si no se deteriora más su situación socioeconómica se recibirán con mucho esfuerzo. Esta composición monstruosa digna hija de un engendro entre el Palacio del Terror y la Corte de los Milagros no llama la atención ni siquiera a los alumnos ni a las autoridades educacionales que siguen luchando por aumentar el contingente de pordioseros o endeudados. Tarea absurda si no se modifica la superestratificación socioeconómica y cultural de base. Este sistema de educación no hace sino que afianzar el sistema de descalificación de los estratos bajos y de sobrecalificación de los altos.


Tomando cifras redondeadas, han nacido en Chile cerca de 300.000 niños anuales durante los últimos 30 años y los que postulan por primera vez en estos 30 años a la PAA (Prueba de Aptitud Académica) son cerca de 100.000. La conclusión es patética, el 33% de los que nacen en Chile puede acceder a rendir la PAA. Esto no sería grave en el contexto mundial, pero es gravísimo al considerar la distribución según estratos socioeconómicos de esos jóvenes que acceden a la prueba y los resultados de ella según los mismos estratos. La mayor parte o casi todo ese 70 % que no accede a dar la PAA proviene del 75% de la población de estratos bajos. Es raro que jóvenes de estratos medios o altos no rindan esta prueba. Quisimos medir esta injusticia atroz y aprovechamos la realización de un estudio de seguimiento longitudinal para detectar la suerte de niños de estratos bajos y medio-bajos ingresados a la Enseñanza Básica en 1973 (14). De 389 mujeres y 399 varones fallecieron durante la educación básica y media 2 y 3 respectivamente. No fue posible encontrar datos de 63 mujeres y 74 varones. La Enseñanza Media fue alcanzada por 258 mujeres (66,7%) y 266 varones (67,2%). En tres años de vigilancia para rendir la PAA, la rindieron por primera vez 93 mujeres (24,1%, descartados fallecidos y emigrados) y 107 varones (27,4%). El porcentaje total es 25,7. De los liceos de estratos medio y alto que fueron escogidos como controles (matriculas completas de ingresados a la Enseñanza Básica en 1973) prácticamente todos dieron la PAA (la proporción inferior al 5% de no encontrados pueden explicarse como migrantes o fallecidos). Los resultados de la PAA por estrato son lapidarios. Sobre 500 puntos encontramos al 26,7%, 70.2% y 97.4% en el estrato bajo y medio-bajo (nuestro estudio), medio y alto respectivamente. Realizamos una extrapolación de acuerdo a nuestros conocimientos del éxito de postulación y permanencia en la Universidad con esta puntuación en la PAA y llegamos a la conclusión que la probabilidad de acceder a un título universitario era de 3%, 60% y 80% para los tres grupos, respectivamente (entre 1984-1986). Si nuestro grupo hubiese estado constituido de niños del estrato bajo exclusivamente los resultados habrían sido peores. Me temo que con la proliferación de universidades privadas con un alto costo de matrículas y aranceles la situación de discriminación negativa esté aumentando. De hecho, en la Carrera de Medicina de la Universidad de Chile (con puntuación mínima de ingreso de 730 puntos PAA), la proporción de alumnos de liceos fiscales se hace cada vez más pequeña. Esto ocurre en todas las carreras de prestigio en todas las universidades tradicionales chilenas y el abismo que separa a los estratos socioeconómicos y culturales se ahonda, porque se ha cerrado el círculo vicioso relativo de que aquellos que tienen más invierten este tener más en tener más aún a costa de que los que tienen menos vayan teniendo cada vez menos. Es relativo porque si tomamos el promedio del ingreso va subiendo, pero, los que tienen mayor ingreso suben más relativamente al aumento de los que tienen menos. Si consideramos no el ingreso sino el acceso al poder, la distancia entre unos y otros tiende al infinito y vuelve inútil a la democracia. Los poderes fácticos pueden mucho más que el Estado, el Gobierno, el Parlamento y el Poder Judicial. La descalificación de estratos se convierte en la norma que condiciona todo incluso las investigaciones judiciales y policiales y las leyes, como ha sido evidenciado tristemente en este último tiempo.

Dr. Carlos Valenzuela Y., Programa Genética Humana, ICBM, Facultad de Medicina, U. de Chile.

Referencias

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